Brasil es un país estratégico para el trabajo de la Plataforma NNAPES ya que se estima que allí viven hoy alrededor de un millón de niños, niñas y adolescentes con referentes adultos privados de libertad.
Por este motivo, desde la Plataforma NNAPES se decidió participar del Seminário Internacional Infâncias Sul-Americanas que se realizó en la Universidad de San Pablo. Durante el mismo se presentó la publicación Invisibles hasta cuándo, primer estudio regional sobre la temática y como ocurre en muchas ocasiones, esta fue la única exposición sobre el tema entre más de 100 ponencias que se presentaron.
Uno de los puntos que más se destacaron en la presentación fue que los niños, niñas y adolescentes con padres encarcelados sufren impactos que dificultan su desarrollo. En esta línea, Marco Antonio Da Silva Souza, Coordinador General de Projeto Meninos e Meninas Da Rua (PMMR), representante de la Plataforma en Brasil, escribió
un artículo sobre el tema en la revista Bem Cuidar. Markinhus, como se lo conoce, agrega que esta situación cambia la dinámica familiar y produce un aumento de la exclusión, además de que se dificulta el ejercicio tanto de la maternidad, como de la paternidad.
Desde su perspectiva, Marinhus observa que el Estado tiene dificultades para administrar el sistema penitenciario, el sistema judicial y las políticas sociales, además de que hay una fuerte tendencia a la represión, en detrimento a las medidas alternativas a la reclusión. En estos aspectos, según el coordinador de PMMR, la sociedad civil tiene un papel fundamental en articular la agenda pública, construir estrategias, propuestas y sensibilizar esta problemática a la Sociedad y al Estado.
La historia de María
Luego de participar en el Congreso, integrantes de la Plataforma visitaron familias que cuentan con al menos un integrante privado de libertad. Una de ellas fue la familia de María, una mujer de 75 años que se hizo cargo de sus nietos una vez que su hija fue enviada a prisión.

Cuando detuvieron a su hija, dos de sus nietos presenciaron el momento: “Los policías comenzaron a perseguir a mi nieta de 8 años como si fuera una criminal. Ella estaba asustada y corrió y entró en mi casa, entonces un policía lo persiguió con una pistola en su mano. Al entrar se dio cuenta de que no había de qué preocuparse. La peor parte sobre ese día fue que mi hija estaba con mi nieto de 10 días y ellos se lo llevaron”.
Fue un momento estresante para María y toda su familia. “Intenté quedarme con el pequeño pero se lo llevaron, estaba desesperada porque no sabía si iba a estar bien cuidado. Por eso llamé a mi hija mayor y fuimos a la estación de policía a buscarlo”. Para ella eso fue un logro, pero también se convirtió en un desafío.
“Fue grandioso traerlo sano y salvo, pero no sabía qué hacer, él lloraba toda la noche, tenía hambre”, comentó. Más allá de la desesperación, ella fue al hospital y le explicó la situación a una doctora que los ayudó. Desde ese día María comenzó a cuidar al pequeño y a sus dos hermanos de 11 y 15 años.
En diciembre su hija obtuvo la libertad condicional y regresó a la casa por algunas semanas. Desafortunadamente, ella no tuvo apoyo de nadie y no pudo ir a firmar el papeleo apropiado, así que la llevaron de regreso a la cárcel.
María está haciendo frente a la situación, pero está preocupada por el adolescente de 15 años: “Él no está llevando bien la situación. Sale temprano en la mañana y no llega hasta la noche, espero que no se meta en problemas”.
Como puede observarse en muchos otros países, María y muchas otras cuidadoras no reciben apoyo para manejar esta situación por la que atraviesa la familia. “Yo he tenido suerte porque encontré buena gente aquí, pero no hay apoyo para familias como nosotros. El dinero que yo recibo del gobierno (17 dólares mensuales por niño) para cuidarlos a veces no es suficiente, pero trato de encontrar el modo de sobrevivir.
Esta situación, como la de tantas otras familias, sumado a que la Plataforma fue la única ponencia sobre esta problemática en el Congreso, es un escenario preocupante, pero a la vez motivador para seguir trabajando en cambiar esta situación.